Amparo Garrido. Entrevista

Video, No digas nada. © Amparo Garrido, VEGAP, Madrid, 2021

¿Por qué decidiste vivir en Madrid? ¿La ciudad ha cumplido tus expectativas?

En Mallorca fui muy feliz. Diría que pasé los mejores años de mi vida, pero me vine a Madrid por varias razones: por trabajo y para aprender. Necesitaba aprender. Al llegar a Madrid asistí de oyente durante 7 años a los seminarios de Jesús González Requena, Catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense. Tomé gran cantidad de cursos con multitud de artistas de distintas disciplinas. Necesitaba formarme y encontrar una mirada propia… encontrar mi camino y mi sitio en el mundo y, de paso, en el mundo del arte.

Por otra parte, mi fuente de ingresos siempre vino de la capital. En un primer momento me pagaban los viajes, iba y venía Palma-Madrid, pero llegó la crisis económica y tuve que empezar a pagarme los viajes yo.

La ciudad cumplió mis expectativas, si, pero, en la actualidad, me gustaría irme de nuevo. Ya no le veo tanto sentido a permanecer aquí. Podría vivir en cualquier otro lugar más tranquilo, menos contaminado, más barato y con más silencio para poder concentrarme mejor en mi trabajo y tener más calidad de vida.

¿Cuál es tu relación con la naturaleza?

En la naturaleza puedo reencontrarme, sanarme, conectar con lo mejor de mi.

¿Cómo traduces la comunicación no verbal?

Quizá porque estudié arte dramático y tomé conciencia enseguida del lenguaje corporal…, o quizá porque, al ser fotógrafa, he adiestrado mucho la mirada y siempre me fascinó el retrato…, tal vez porque me he pasado horas y horas observando a los animales… o puede ser que ya no me interesen o no me fíe tanto de las palabras. Confío más, por ejemplo, en una mirada, un gesto, un silencio… Además, soy minimalista. Menos es más.

¿Trasladas tu interés por el psicoanálisis a tu obra?

Por supuesto. Me interesa lo que en principio no se ve, lo que subyace por debajo empujando, pulsando. A veces, lo tienes directamente enfrente, claro y diáfano, y no lo ves….

Me interesa el fascinante mundo del inconsciente y del deseo.

Soy tu.2012 © Amparo Garrido, VEGAP, Madrid, 2021

¿Cómo te acercas al concepto ver- mirar?

Tuve dos tíos ciegos: Paco y Agustina. Los dos se querían mucho, eran muy felices y siempre estaban muy pegaditos, cogidos de la mano… En algún momento de la infancia llegué a la conclusión de que su felicidad se debía a la ceguera. Pensaba también que ellos “nos veían a nosotros” con más verdad, porque escuchaban nuestra voz, nos olían, conectaban con nuestra esencia a través de las frecuencias vibratorias que emitíamos y, sobre todo, gracias al sosiego y la calma que les otorgaba el no ver.

También viajé mucho y viví dos años en Iquitos, Perú, en la Selva Amazónica.  Allí todo era fascinante, me pasaba el día haciendo fotos con una Kodak Instamatic que ni siquiera era réflex. Fui asistente de dirección de la película “El Viento del Ayahuasca”, de Nora de Izcue, y tuve la suerte de entablar amistad con el director de fotografía Jorge Vignati, de quien aprendí muchísimo sobre fotografía sin apenas darme cuenta, sin ser consciente de lo que me serviría en un futuro.

Por ejemplo, aprendí muy bien a iluminar interiores y creo que gracias a eso gané el primer premio ABC de fotografía en el año 2000. Fui capaz de iluminar a la perfección la escena de una pesadilla infantil que logró transmitir, en parte gracias a la iluminación, todo aquel desasosiego.

Por último, añadir algo que también creo que es importante: la cámara fotográfica me permitió poder esconderme, poder mirar con más distancia al sentirme protegida por ella. Así, desde ese lugar más seguro, podía elegir el encuadre y apretar el botón en el momento justo que yo quisiera. Me ayudó a reflexionar y a no sentirme invadida por la carga emocional de las escenas.

¿Has sufrido discriminación por ser mujer?

Cuando yo empecé  a trabajar, la fotografía era un mundo de chicos. Ahora ya hay mas mujeres, pero todavía quedan territorios, como el de la fotografía de reportaje, de prensa, de naturaleza, de viajes… etc., que son muy de chicos

Quizá también se deba a eso mi deseo de ser artista visual y salirme de la etiqueta “fotógrafa”, porque quería transcender, hablar de otras cosas y no entablar una competición con los colegas machirulillos de turno (con disculpas para los que no los son, estoy hablando de hace 25 años).

Creo que otra forma de discriminación, que sí me afectó y que, afortunadamente, ya pasó, y de la cual no quiero ni acordarme, es que en muchos lugares de trabajo sufrí acoso. Felizmente, desde hace algunos años, he podido más o menos recuperar mi feminidad y puedo disfrutar de ella sin autocensurarme.  Durante muchos años tuve que “afearme” para no despertar deseo en el otro, y que me pudieran mirar de igual a igual.

¿De qué manera tu vida personal ha afectado a la creación de obra?

Creo firmemente que nuestra vida personal, nuestra novela familiar, la infancia, las experiencias que tuvimos, los viajes que hicimos, las personas que amamos, las decisiones que tomamos… afectan en su totalidad y, de alguna manera, conforman una impronta que está presente en nuestro trabajo.

¿Puedes darnos tu opinión sobre la importancia del mercado y creación artística?

Seria estupendo poder dedicarse totalmente a la creación artística, tener un buen galerista, o agente, o alguien que te ayudara a vender tu obra y así poder seguir creando sin tener que preocuparte por temas mundanos como pagar las facturas…. pero, por otra parte, el mercado tiene sus exigencias, sus reglas, sus modas… Si creas obra pensado en el mercado, de alguna forma te traicionas…. Encontrar un equilibrio entre ser honesto contigo mismo y satisfacer los caprichos del mercado debe ser complicado…. En fin, es un tema muy complejo para resumirlo en pocas palabras….

¿Qué importancia tienen los premios en la carrera de una artista?

Los premios son importantes en determinados momentos de tu carrera. Suponen un reconocimiento que, a veces, viene muy bien.

Yo recibí uno siendo muy joven, pero tuvo un efecto contrario (a primera vista): me asusté porque pensé que yo no tenia ni idea, que la fotografía había salido sola por casualidad, que no lo merecía…. Me paralizó durante varios años, hasta que comencé a estudiar como una loca fotografía para poder dominar perfectamente el medio y aprender todas las técnicas. Luego entendí que eso no era suficiente, que tenia que transcender todo eso y hablar de algo mas a través de la fotografía….  Ahí fue cuando decidí venir a Madrid.

Supongo que los premios afectan a cada persona de una forma diferente, pero la verdad es que son un reconocimiento y eso, en principio, siempre está muy bien.