María María Acha-Kutscher. Entrevista

María María Acha- Kutscher©Womankind/365 dias. La Virreina Centro de la Imagen, 2019. Foto ©Pep Herrero
https://ajuntament.barcelona.cat/lavirreina/es/exposicions/womankind_maria_acha/367

¿Cómo fueron tus inicios en el arte?

En mi caso, ser artista es consecuencia de mi herencia cultural. Vengo de una familia vinculada al arte. Mi bisabuelo paterno, Artur Kutscher, actor y teórico de teatro, fue el inventor de la ciencia del teatro en Alemania. También mi abuelo paterno, Juan Acha, afincado en México, fue uno de los teóricos de arte más relevantes de Latinoamérica en el siglo XX. Mi padre Mario Acha Kutscher, arquitecto, cineasta y artista, y mi madre María Rodríguez, arquitecta y productora, han realizado cientos de proyectos expositivos en Lima y en México. Así que, cuando les dije que quería estudiar en la facultad de artes de la Universidad Católica en Lima, no se sorprendieron. Pero no fue hasta el 2001, fecha en la que llegué a Madrid, después de trabajar varios años como directora de arte en agencias de publicidad en México, cuando pude dedicarme a tiempo completo a mi obra. Fue en España donde me convertí en artista.

Perú, México, España… ¿Cómo valoras el concepto de arte contemporáneo en los diferentes países donde has vivido?

Desde mi experiencia, creo que México es el país donde se ha asimilado con más facilidad el arte contemporáneo. Ello se debe a que México ha sufrido un proceso normal hacia la modernidad; además, es el único país latinoamericano que ha aportado una vanguardia no europea: el Muralismo. Todo esto, unido a la labor desarrollada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes-FONCA[1], creado en los años 90, cuyo objetivo ha sido el de fomentar y estimular la creación artística en todas sus manifestaciones, mediante un sistema de programas y ayudas realmente envidiable. México, además, es un país que históricamente ha absorbido el talento extranjero para hacerlo suyo. Por aquí han pasado, y se han quedado a vivir, grandes creadoras y creadores de diferentes orígenes, incluyendo a los intelectuales españoles que llegaron a raíz del exilio, y que fundaron colegios y universidades, y a mujeres creadoras, como las artistas Leonora Carrington, Remedios Varo, la fotógrafa Tina Modotti o la escritora Elena Poniatowska.

¿Por qué te afincaste en Madrid?

Por Tomás Ruiz-Rivas, mi pareja. Nos conocimos en México, a finales de los 90, y a principios del 2000 decidimos venirnos a España por motivos familiares y también porque yo necesitaba cambiar de ambiente. Este cambio me empujó a dedicarme al arte a tiempo completo y también me aportó una visión global y un conocimiento profundo como ser humano. El entendimiento de pertenencia a algo más universal que simplemente una pequeña parcela del mundo. Y, sobre todo, la conciencia y la identificación con mi género. Por lo tanto, es aquí donde tomo conciencia de la importancia de los feminismos. También aprendí que, como ciudadanas y ciudadanos, tenemos un compromiso a muchos niveles y, desde las herramientas que sabemos manejar, en mi caso las del arte, podemos contribuir a la construcción de un mundo mejor. Y ese es el punto de partida de mi obra.

Desde que llegué a esta ciudad, he estado vinculada a la escena alternativa. En 2003 abrimos, junto con Tomás, el Ojo Atomico (parte 3), que luego se convirtió en Antimuseo. Para mí fue clave, porque empezamos a trabajar en proyectos conectados con la realidad social y a colaborar con organizaciones de barrio, experimentando con otros circuitos diferentes a los del arte. Asimismo, hemos participado activamente en los debates de políticas culturales, enfocadas a las ayudas a la creación para los artistas. Todo eso me ha permitido conocer de cerca la realidad del tejido artístico madrileño y comprometerme en su totalidad con éste.

María María Acha- Kutscher© Mujeres Trabajando por Mujeres/ Serie Indignadas. Programa extramuros del [M]UMoCA. Foto ©Claudia Alva
https://mumoca.blogspot.com/
http://www.acha-kutscher.com/mujerestrabajando/indignadas/indignadas.html

En el 2007 creaste el proyecto “Bellas Durmientes” ¿Hasta qué punto marcó tu trayectoria?

Para mí, Bellas Durmientes[2] fue un proyecto clave en mi carrera artística. Con él tomo conciencia de la importancia del papel del artista en la sociedad y también de lo que significa ser artista feminista. El feminicidio no hace distinciones de origen, grupo racial, clase social o cultura. Todas las mujeres vivimos bajo el riesgo de ser asesinadas, simplemente por el hecho de ser mujeres.

El proyecto alcanzó una participación masiva que generó una gran comunidad. Fueron cerca de 300 personas; entre ellas, artistas, colectivos de artistas, institutos, asociaciones civiles de todo tipo, y también aquéllas que luchan contra la violencia de género, las que contribuyeron con objetos, acciones, exposiciones e, incluso, marchas. “Bellas Durmientes” es un proyecto donde la autoría se diluye para conformar una sola pieza. Cada uno de los homenajes realizados es propiedad de la autora o del autor. Yo solo he usado los registros fotográficos para las exhibiciones online y físicas. Esto significa que “Bellas Durmientes” no es un producto artístico mercantilizable, sino, más bien, un movimiento artístico que funciona como una herramienta política en la lucha contra la violencia machista.

Te defines como artista feminista ¿Hasta qué punto confías en la socialización de las ideas por medio del arte?

Me defino como artista feminista desde que empecé a dedicarme a mi obra a tiempo completo. Creo que el arte puede ser una poderosa arma política, si trabajamos conjuntamente. Cómo dice Martha Rosler: “El arte es incapaz de producir un cambio social por sí solo, son las personas las que lo consiguen actuando juntas, organizadas”. Hace tiempo, en un encuentro sobre “Arte y Feminicidio”, organizado por el Antimuseo, una activista feminista de Guatemala nos dijo que la colaboración de los artistas era muy importante, porque ellas no podían llegar hasta donde nosotros llegamos: a lo más profundo del ser humano.

Los y las artistas, a través de nuestro trabajo, somos cronistas de nuestro tiempo. Y eso se ve muy claro en la serie “Indignadas”, de mi proyecto Mujeres Trabajando por Mujeres. “Indignadas” comenzó siendo un registro de la participación de las mujeres en el 15M, para luego extenderse a otros movimientos sociales, como Occupy Wall Street o la Primavera Árabe. La serie también atestiguó protestas públicas debidas a tragedias de nuestra historia compartida, como el atentado a Charlie Hebdo en París o el rapto de las 230 niñas de una escuela secundaria por parte de terroristas de Boko Haram, en Nigeria. Y recientemente, la serie ha registrado los últimos movimientos feministas, como “Que sea ley”, “Ni Una Menos”, #Me Too”, o las protestas de los primeros resultados judiciales de la manada en España, bajo el lema No es abuso, es violación. En unos años, cuando las fotografías desaparezcan del ciberespacio, estos dibujos se convertirán en una crónica de la lucha feminista de nuestro tiempo, y también de las luchas sociales. Un registro de memoria que recuerde a las generaciones futuras que los cambios sociales a través de la historia fueron realizados por mujeres y hombres conjuntamente.

Por otro lado, cuando pienso en arte feminista. me vienen a la mente proyectos comunitarios, como la reactivación de la Galería Mari Boom en 2017[3], cuando 17 artistas mujeres, en un acto de guerrilla feminista, nos apropiamos del pasaje que enlaza la calle Lagasca con el Parque del Retiro, para reivindicar el arte hecho por mujeres. Y lo hicimos 33 años después de que otros artistas, liderados por Patricia Gadea, lo hubieran hecho anteriormente.

Como dice Judith Stein, en su artículo de 1972, For a truly Feminist art (Por un verdadero arte feminista): “La única cosa que le tendría que preocupar a una artista feminista son el movimiento feminista y construir un arte feminista dentro de una sociedad feminista”.

¿Cómo te ha ayudado el mundo de la publicidad en tu comunicación activista?

La publicidad me ha ayudado a definir una metodología y a hablar en un lenguaje claro, conciso y directo, para poder dirigirme a cualquier audiencia, independientemente de su vinculación con el arte. Pero esto, de alguna manera, ha hecho que en España algunos de mis proyectos no sean considerados “artísticos” debido a su estética. Tal es el caso de las series del proyecto “Mujeres Trabajando por Mujeres”, porque se acerca al lenguaje del cómic y porque se trata de dibujos realizados por medio de un ordenador. El arte puede tener la forma que queramos; pensemos en la cantidad de artistas que han usado el lenguaje publicitario y pop en su trabajo, como Jenni Holzer, Barbara Kruger, Roy Lichtenstein o el mismo Andy Warhol. Si nos detenemos en las artistas que formaron parte del movimiento Fluxus, como Charlotte Moorman o Carolee Schneemann, veremos que fueron expulsadas por George Maciunas por hacer un arte “demasiado visceral”. Todo esto son prejuicios sobre el arte, que llevan implícitos un canon y una postura paternalista contra la que tenemos que luchar constantemente.

¿El arte debe estar Institucionalizado?

Creo que el arte está demasiado institucionalizado. No estoy en contra de lo institucional, pero debo decir que siempre me he sentido más cómoda en la escena alternativa, en los espacios generados por artistas, porque los procesos comunitarios son muy importantes para nuestra formación. Y son los verdaderos espacios de libertad que existen hoy en día.

Si echamos un vistazo a la historia de los espacios alternativos de los 90 en Madrid[4], incluso después, veremos a muchas mujeres que fundaron o fueron parte importante de proyectos autoorganizados, y las hay porque, en el mundo del arte, las mujeres siempre han ocupado espacios marginales. Los espacios alternativos se crearon para generar otras estructuras, otros mundos, donde cualquier cosa sea posible. Y si cualquier cosa es posible, quiere decir que también la igualdad es posible. Una recomendación que les daría a las, los y les artistas jóvenes, es que tienen que vivir la experiencia de pasar por un espacio independiente, crear un proyecto entre colegas, un proyecto autoorganizado. Desde esa perspectiva, cambia tu manera de ver el arte, y eso repercute en tu práctica artística de una manera muy positiva.

¿Es el arte público el lugar idóneo  para tu trabajo?

Me gusta mucho trabajar en la calle, porque es allí donde se dispara el potencial político de mi trabajo. Mi obra ha ido madurando paralelamente a mi trabajo como gestora en el Antimuseo, donde, como comentaba anteriormente, hemos trabajamos con públicos periféricos para el arte contemporáneo, desarrollando modelos de participación en los procesos creativos, vinculando la práctica artística a contextos específicos y a sus conflictos sociales y políticos.

Para mí, es imprescindible que mi trabajo se exhiba, no solo en galerías e instituciones artísticas, sino también en espacios públicos, porque es gratis, y porque de esta manera pasa a formar parte del flujo de la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad. Cuando te sales de los circuitos del arte, llegas a otros públicos, independientemente de su vinculación con el arte, y es allí donde tu trabajo ya no opera solo a nivel simbólico, sino a nivel real.

¿La denuncia es el sentido de tu obra?

Me gusta más la palabra contribución. El definirme como artista visual feminista también me posiciona dentro de lo que denominamos arte feminista, lo cual conlleva que mi obra cumpla una doble función: la de ser un producto artístico, por una parte, y la de convertirse en un instrumento que pueda cubrir alguna necesidad social, por otra. La mayoría de mis proyectos tienen una duración indefinida, lo que permite su maduración en el tiempo.

Mi objetivo siempre será hacer arte; mi motor, la consecución de visibilidad de la memoria de las mujeres. La denuncia podría ser una de las lecturas de mi obra. Pero, en ocasiones, es muy sutil, como mi proyecto Womankind, una extensa producción de series de collage fotográficos digitales, creados a partir de imágenes de archivo, de Internet, revistas, libros y fotografías de mi autoría, que generan en su conjunto documentos ficticios para re-significar las imágenes con las que se ha ido construyendo la historia de las mujeres desde la invención de la fotografía, donde, normalmente, han aparecido relegadas a un segundo plano, dentro de relatos hegemónicos de corte paternalista.


María María Acha- Kutscher© Mujeres Trabajando por Mujeres/ Serie Indignadas. Madrid, 2020
https://mumoca.blogspot.com/
http://www.acha-kutscher.com/mujerestrabajando/indignadas/indignadas.html

¿Qué te sugiere la unión de las palabras arte, mujer y precariedad?

Nuestra realidad como artistas mujeres, desde siempre. Aunque el concepto de precariedad es inherente a cualquier artista, independientemente del género. Una vez oí decir a Louise Bourgeois, en un documental, que “todos los artistas somos pobres”. No te dedicas al arte si quieres ganar dinero. En mi caso, me dedico al arte porque, de otro modo, no podría soportar la existencia.

Por otra lado, arte y mujer me sugiere invisibilidad. Una realidad contra la cual hemos luchado y seguimos luchando. La memoria histórica de las mujeres ha sido constantemente borrada de la historia de la humanidad, como parte del control patriarcal. Esto ha sucedido, y sigue sucediendo, no sólo en el campo del arte, sino en todos. Y a nosotras, las mujeres, nos corresponde rescatar nuestra propia memoria del olvido porque, sin ella, no sabremos quiénes somos en realidad.

Desde 2017 estoy desarrollando HERSTORYMUSEUM[5], un museo imaginario cuya premisa curatorial es desarrollar una narrativa rizomática y desjerarquizada sobre las mujeres creadoras del siglo XX, a través de un lenguaje visual similar al pictograma. Este proyecto se suma a tantos otros proyectos que varias artistas madrileñas vienen desarrollando, como el Mujeres en el Arte, de Concha Mayordomo; Queridas Viejas, de María Gimeno o Tal Día Como Hoy, de Diana Larrea. Todos estos relatos están construyendo un panorama conjunto del arte hecho por mujeres desde nuestra propia perspectiva. Una narrativa que se aleja del concepto de la gran figura genial impuesta por el sistema heteropatriarcal, para generar otras estructuras y dar acceso a otras formas de hacer y ver el arte.


[1] https://fonca.cultura.gob.mx/que-es-el-fonca/

[2] Bellas Durmientes es un proyecto de arte colaborativo de sensibilización contra la violencia de género. Y surge en 2007, como respuesta a los feminicidios íntimos en España. El poryecto consistía en generar obras de arte en memoria de las mujeres asesinas en España desde 2001.http://www.acha-kutscher.com/bellasdurmientes/index.html

[3] http://www.antimuseo.org/proyectos/mari_boom/mariboom.html

[4] Tomás Ruiz-Rivas, La Cara Oculta de la Luna, arte alternativo en el Madrid de los 90, Editado por CIIA y Antimuseo, 2019

[5] http://www.herstorymuseum.org/