Ouka Lelee. Entrevista

Escuela de Romanos. Acuarela sobre fotografía en blanco y negro. 115 x 100 cm, 1980. © Ouka Leele, VEGAP, Madrid, 2021.

¿Pintura o fotografía o pintura y fotografía?

Las dos cosas. Primero fue la pintura, luego me encontré con la fotografía, que me cautivó, y entonces las junté, porque la pintura era para mí una necesidad perentoria, una pasión.  La pintura sigue siendo un sueño, un refugio de futuro…                                 

Ilustradora, muralista, escenógrafa, diseñadora textil, diseñadora de vestuario… ¿Se te resiste alguna disciplina?                                                                                                                 

Me gusta meterme en todas las disciplinas artísticas que puedo y que siento necesarias para mi expresión. Necesito arriesgarme, aprender durante el proceso de crear. Repetir y repetir lo que el mundo quiere de mí, me ahogaría. Así que, las nuevas oportunidades, me encantan. ¿Por qué no hacer, por ejemplo, una escultura enorme para una plaza? Me encantaría…, la vedad.

¿La movida te ha marcado para bien o para mal?

 No sé muy bien qué decirte. En ocasiones me he preguntado qué habría sido de mí si no me hubiera unido a todo lo que estaba ocurriendo y hubiera seguido un camino solitario fiel a mí misma. Era demasiado joven, quería pertenecer a mi época y había tantos artistas creando, que era apasionante; quería vivirlo. Buscamos compañeros de viaje, pero… toda esa búsqueda ha desembocado siempre en el mismo sitio; buscara por donde buscase, llegaba a mí.  Cuando estás creando un lenguaje, es molesto que te pregunten por otras cosas, que te vean como una leyenda, que siempre te vuelvan a hablar de la movida es muy pesado. Hace ya mucho tiempo de todo eso. Y seguimos trabajando. Cuánto se agradece que te pregunten sobre tu filosofía; los artistas somos filósofos, poetas; contamos cosa que queremos dar al mundo.

¿Buscas belleza o realidad?   

Busco Belleza; Belleza como realidad. Pero sé que soy capaz de ser muy oscura, muy crítica, muy sarcástica, y eso tiendo a reprimirlo porque necesitamos grandes dosis de Belleza para sobrevivir. Ojalá fueras a la consulta del médico y te recetara poemas, películas, conciertos, imágenes que te alimentaran. El arte es la mayor y más efectiva medicina.

El Principito. © Ouka Leele, VEGAP, Madrid, 2021.

¿Qué importancia tiene para ti el color?                                                                        

 El color es importantísimo; es también medicinal; es energía y vibración. Estamos acostumbrados a ver el arte en ruinas; vemos catedrales, edificios de otras épocas, todo en colores monocromos. Y tenemos que saber que son ruinas de lo que fueron. Todo estaba pintado. Su terminación era el color. Me imagino entrar en maravillosas catedrales, todas ellas pintadas, ¿cómo serian? ¡Un espectáculo!; un espectáculo que aliviaría todos los males, que fuera una experiencia visual, sonora, olfativa…Yo necesito pintar como acto de amor, y necesito enseñarlo, y necesito que se lo quieran llevar a sus casas. Por eso empecé regalando; era mi forma de demostrar amor. Cuando alguien se emociona ante una obra mía, me encantaría que la tuviera.

¿Te consideras transgresora?   

Pues sí

¿Cuál es tu relación con la tecnología? ¿Y con la poesía?   

Siempre he sido muy tecnológica. Siendo niña hice un órgano eléctrico que se podía tocar y sonaba, y una radio, y altavoces y micrófonos para escuchar a mis hermanos desde mi habitación. Arreglaba los aparatos de casa, las cámaras… Pero lo digital se me hace críptico, no sé de qué va… Y la poesía…, la poesía lo es todo; es esencial para vivir. Me gusta a través de la palabra. Cuando vivía en Barcelona, la poesía de Paul Eluard me salvaba de pozos oscuros. Me enseñó que hay un alimento para el alma. Poco a poco, fui descubriendo mi escritura, y la practico y me divierte muchísimo escribir poemas, relatos…, y quiero escribir algo más largo.

Tu instalación “Un banquete cruel. Pourquoi?” nos dejó sin aliento hace unos años ¿Contemplas volver a hacer ese tipo de obras?                                                    

 Fue bastante terrible abordar ese trabajo. Me dolía excesivamente. Y al terminarlo me quedé exhausta; tanto, que decidí que mi único camino posible era mostrar la Belleza, sentirla, perseguirla, traer trocitos aquí. En esas estoy, y a ver si lo consigo. Creo que fue la obra más potente que he hecho en mi vida en cuanto a denuncia, a vomitar mi asco por la violencia y la crueldad del ser humano. La gente salía conmovida de la exposición, llorando… Creo que tengo algo Goyesco que no puedo evitar, y que, aunque lo reprima en aras de la Belleza, a veces aflora como un grito ante la injusticia. Por eso todo el cielo de flores blancas en “Un banquete cruel. PorQuoi?, para compensar, para aportar esperanza y, además de ello, para simbolizar la inocencia de tantas muertas, tanta violación, tanta mutilación, tanto daño a inocentes; seres blancos como flores. ¿En nombre de qué?, ¿Por qué?, ¿PourQuoi? Why?

¿Crees que es posible denunciar la violencia de género desde el arte?                 

 Por supuesto

¿Cómo ves el panorama actual del arte en España? 

 ¡Qué pregunta! Me cuesta mucho contestar preguntas sobre panoramas porque vivo mi propio panorama, pero voy a intentar hacerlo. En primer lugar, he de decir que el arte lo hacen los artistas y que se debería respetar esto por encima de todo y, sobre todo, por encima de eso que llaman mercado del arte, que no sé muy bien lo que es, pero que nos tiene a todos del revés. Se debería crear un ambiente en el que el artista pudiera conectarse mejor con el cielo, la poesía, las musas…, y poder así traernos un poco de su propio bosque. También sería deseable que la transacción buscada fuera más medicinal, más pasional que inversora… Sería un sueño que los artistas no hiciéramos productos para su venta, sino que éstos fueran verdaderos talismanes, que es lo que hemos venido a hacer. Por ejemplo, “El jardín de las delicias”, de El Bosco, es un talismán, una batería que, desde el Prado, irradia a toda España, o quizá más allá. Aunque nadie sepa que está pasando en ese cuadro, pasa algo muy importante, y ese panorama sí que me interesa mucho. Sé que es algo más que una pintura o un cuadro; es una perfección simbólica que nos penetra, porque es el símbolo lo que necesitamos, y no el diábolo. El símbolo une, el diábolo separa.

 Actualmente, abunda la idea, y también el deseo, de generar obra que permita dar el salto definitivo para conseguir que se venda cara y llame la atención.  Cuando se habla en prensa de obras de arte, solo se habla de las cifras a las que se venden y de la innovación que se le he ocurrido a alguien. Pero ¿quién construye baterías simbólicas? Está bien que se venda el arte, los artistas tenemos que pagar nuestros gastos etc., pero eso no es lo importante; lo importante es que dedicamos nuestras vidas a bucear en nuestro interior, a tocar lo invisible para contar al mundo cosas que no se cuentan en la prensa, que no se hablan en las conversaciones habituales. Somos eremitas del arte y qué maravilla sería que, cuando quisiéramos dedicarnos a ello, pudiéramos hacerlo plenamente y conseguir aflorar todo lo que mana de esa fuente que hemos encontrado y que es incesante….